
En aquella ocasión tuve que guardar cama durante dos o tres días, y me aburría; me aburría tanto que me puse a dibujar para amistarme con aquel interminable desfile de las horas. Tomé una libreta de papel cuadriculado y un lapicero, y fue tan fácil traer a este mundo al primer monigote que inmediatamente decidí la creación de un archivo de dibujos de convaleciente.